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Epílogo: esfuerzo en vano

11 diciembre 2009

Supongo que recordaréis la agresiva y efectiva campaña de Carrefour iniciada el pasado septiembre. La de Caca. Esa que empezó con una fase teaser que llenó Barcelona – y supongo que Madrid – de opis como el siguiente:

Después, la campaña se centró en impactar especialmente a través de la TV, con unos anuncios incluso más agresivos y attention-seekers que las gráficas:

(Las fases no fueron exactamente de esa manera, ya que la intención de la campaña tenía también una marcada tendencia viral, en la que se usaron vídeos teasers en youtube, se comentó en muchos blogs, etc. etc. vaya que los diversos medios usados para la campaña se usaron en más de una fase)

¿El objetivo primero de la campaña? Comunicar a la población española que las bolsas de plástico son por lo general nocivas para el medioambiente, y que por ello Carrefour retiraba las suyas.

¿El objetivo real? Que Carrefour se ahorrase millones y millones en esas bolsas, primero, y ganando algo de dinero vendiendo las ‘nuevas bolsas’ respetuosas con el medio ambiente.

¿La falta de ética? Especialmente en Carrefour, aunque no podemos exhimir de responsabilidades a la agencia.

En todo caso, el anuncio tuvo bastante aceptación en un principio, y la gente comprendía el carácter ‘respetuoso con el medioambiente’ del anuncio, y que se comunicaba de una manera completamente nueva y agresiva porque “ya era hora, si la gente no entiende lo del reciclaje pues que se lo digan así”. Vaya, que la campaña se podía considerar un éxito (no total, pero sí considerable).

El problema viene cuando todo este esfuerzo comunicativo se va al garete por la falta de coherencia de Carrefour. En muchos de sus centros se han retirado ya las bolsas de compra Carrefour, PERO, PERO, ¿sabéis cuando queréis entrar a comprar algo y lleváis bolsas de otras tiendas? ¿Y que por lo general te hacen embolsarlas de nuevo para que no robes? Pues Carrefour lo sigue haciendo. MEC. Error. ¿Qué tipo de mensaje comunicas a tus compradores, a los que has taladrado en la cabeza eso de ‘Bolsa Caca’ durante un mes, cuando les obligas a meter en una bolsa de plástico lo que traiga de fuera? Un mensaje confuso, poco transparente y sobre todo, nada efectivo, un esfuerzo en vano de varios meses de trabajo de profesionales de la comunicación, que se deben sentir como este hombre:

Coherencia Carrefour… CACA.

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¡A cazar!

4 diciembre 2009

Siempre que se ha hablado del concepto de realidad aumentada me venía a la mente el EyeToy Play, ese juego de Play Station 2 en el que, cámara de vídeo mediante, aparecíamos en pantalla del juego para limpiar cristales, luchar contra ninjas o jugar a fútbol, entre otros.

En realidad, el concepto es contrario: si bien gracias a Eye Toy Play te podías introducir en un mundo virtual e interactuar con él, la realidad aumentada se centra más en que elementos virtuales aparezcan en la realidad ‘real’, y puedas interactuar con ellos. Como siempre después de crearse una nueva tecnología, suele pasar un tiempo hasta que se le encuentra una aplicación en algún lado.

Como hoy estoy juguetón, me apetece comentar la aplicación de la tecnología de realidad aumentada en el mundo del videojuego. En concreto, en el juego Invizimals, creado por Novarama – una empresa de Barcelona – para PSP.

La historia es sencilla: se mezclan los Pokémon y su filosofía del “Gotta catch’em all” con “el Hombre del Saco”, “el Monstruo de debajo de la Cama” y compañía. Es decir, el juego trata de cazar los bichos de turno, sólo que éstos se encuentran en cualquier rincón de tu casa. ‘Mindblowing’, que dirían los angloparlantes.

Todo esto es posible gracias a una cámara que incorporas a la PSP, y a partir de ahí, a dar vueltas por casa buscando Invizimals: algunos aparecen sólo en lugares húmedos, otros a partir de determinada hora, etc.

Invizimals nos marca, pues, una vía muy aprovechable de utilización de la realidad aumentada: cazar bichos desde casa. Yo, de tener 10 años, me uniría encantado.

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La magia de la música

23 noviembre 2009

Hubo una época en la que para escuchar música teníamos que usar Napster, Kazaa – con el que compartías más virus que mp3 en realidad -, eMule, etc. Para aquellos con un paladar musical más exquisito se creó Soulseek, que todavía goza de cierto crédito gracias a las pequeñas joyas que sólo ahí puedes encontrar.

Eso era antes. Ahora tenemos una oferta brutal en streaming, en riguroso directo, un continuo de obras maestras de la instantaneidad, siendo la mejor y más completa Spotify.

Spotify es el profeta venido para mostrarnos la buena nueva. Su oferta musical es prácticamente ilimitada: reúne clásicos, mainstreams e incluso ese grupo libanés que hace cuatro días se creó un myspace para mover sus piezas de música electrónica. Todo, excepto The Beatles. No es que Spotify no haya logrado sus licencias, es que en calidad de profeta de la humanidad ha decidido no mostrarnos la perfección en la Tierra.

Spotify aparte, encontramos otras opciones bastante interesantes para escuchar música. El mencionado anteriormente, myspace, es una red social teóricamente destinada a grupos musicales que inician sus andadudras en ese mundo (como el grupo libanés de electrónica). Por lo general, la mayoría de grupos que se promocionan desde myspace no valen nada – un ejemplo más del concepto de la larga cola en Internet -, aunque en ocasiones encontramos esas pequeñas joyas que todavía no tienen una discográfica detrás – y por lo tanto no están en Spotify – pero que nos pueden alegrar una tarde. Como Ruido Blanco.

Otra vía para escuchar, y en este caso ver, música es From the Basement. Este site nos permite ver vídeos de varios artistas en alta calidad en los que interpretan algunas de sus canciones. Más allá de lo limitado de su oferta, en comparación con Spotify, lo considero una buenísima opción para poner cara (en alta calidad) a algunos artistas, para adentrarse más en su mundo y su discografía, en apreciar los detalle que hacen de él un artista especial.

Aun así, siempre nos quedará Youtube. Con él y con el nuevo semi hype indie-rock de la temporada, los tiernos Girls y su Lust for Life:

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(Lo) Puto Drac Novell

16 noviembre 2009

No es mi intención excederme mucho en mi valoración del Drac Novell. Drac Novell es un festival cutre y de un nivel comparable a un partido de fútbol de regional. Evidentemente, encontramos buenas piezas en cada categoría – siempre hay algún virtuoso del balón que por uno u otro motivo decide jugar en una categoría menor -, pero, por lo general, la calidad de las piezas son pobres a todos los niveles.

Además, es curioso como algunas de esas obras interesantes no son premiadas, siendo galardonadas otras obras menores, burdas copias de conceptos creativos muy conocidos – no es que piense que los creativos no copiamos, simplemente que copiamos o nos inspiramos a través de fuentes poco conocidas, y además somos capaces de esconder dichas fuentes -.

En definitiva, queda patente que el festival no es de mi agrado, ni por organización, ni por criterio de jurado, ni por nivel general de las piezas (aunque defiendo la genialidad de algunas de ellas).

Pero además, es que está anticuado. Se podría decir que es un festival publicitario tremendamente casposo. Y lo digo porque no se renueva – casi siempre repiten temario de debates -, el discurso del director de Associació de Publicitats es, en esencia, una fotocopia del anterior, y porque siguen anclados en denominar a una categoría con el nombre de “Nuevos medios”, que entrega un único premio. En qué año estamos, ¿en 1996? En la actualidad, el medio de Internet está engullendo un gran porcentaje de la inversión en medios; De hecho, en Gran Bretaña, el medio online superó a la televisión en inversión publicitaria en el primer semestre del 2009.

Tiene mucho sentido pues que un festival que está formando a futuros profesionales de la publicidad esté anclado en el pasado.

Viva el Drac. Y que se jubile.

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La importancia de Eurovisión

12 noviembre 2009

Todos sabemos ya que todo eso de esperar a una hora concreta para ver aquello que te interesa ha pasado a mejor vida. En la actualidad, gracias a una conexión a internet eres capaz de ver tus series, películas, o incluso eventos deportivos cuando y cómo quieras.

Hasta ahí todo correcto, hablamos de un fenómeno ya común, que hemos interiorizado completamente en nuestro día a día. No obstante, me resulta curioso ciertos casos concretos que gracias a Internet y la curiosidad individual de unas pocas personas, se han convertido en booms mediáticos. Me explico:

Remontémonos a 1979, año en el que Alemania decidió que Dschinghis Khan era la banda escogida para participar en Eurovisión – no tengo datos más concretos acerca de si fue la RFA, la RDA o ambas participaban unidas en este gran concurso musical, pero vaya que por el nombre de la canción no tengo muchas dudas quién fue -. La canción creada para la ocasión no era otra que Moscow.

Brillante, ¿verdad? Después de que esta canción aguantara 5 semanas en el #1 de las listas australianas en 1980 (WTF?), cayó en el olvido mediático – ya podría pasar lo mismo con ese chico tan gracioso que habla de derechos humanos y en realidad su discurso versa sobre la pasta gansa – en España y el mundo.

Hubo un intento de lanzar a la fama una vez más este gran hit, ideado por un gran profesor de música disco finlandés, que lo incluyó en su obra magna de vídeos de autoayuda, pero que (desgraciadamente) no logró el éxito esperado:

Finalmente, y retomamos el concepto del que hablamos al principio, llegó un erudito de youtube que, seguro, encontró alguno de los vídeos – que se han viralizado años después de que fueran producidos – en una de tantas horas muertas en la agencia que pasaba haciendo ver que creaba, y le vino a la mente un anuncio tan geek como el que apareció en las cadenas de TV españolas hace 2 ó 3 años:

A grandes rasgos, la canción ‘petó’ tanto o más que su predecesora, la de Richard Clayderman en su piano sin control, y la agencia Publicis Lado C se confirmó como una de las mejores agencias del año.

Ahora bien, estoy convencido de que esta campaña no se hubiese realizado sin youtube, sin internet, sin medios interactivos, ya que el creativo a cargo de la cuenta Renault seguramente jamás hubiera podido acceder a esos materiales audiovisuales concretos. No es sólo que podamos ver el último capítulo de Flashforward cuando queramos y no las noches de los martes, o hacer un revisionado de Seinfeld aunque no esté en emisión en TV ahora mismo, sino que podemos usar todos estos materiales en nuestro beneficio, relacionarlos, crear vínculos, ampliar nuestros conocimientos geeks – cultura, vaya – para encontrarnos con caminos creativos mucho más amplios e inexplorados que los de antaño. Un chollo, ¿no?

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A la búsqueda de insights

5 noviembre 2009

Uno de los hechos que hace que Facebook sea tan popular es, a parte de saciar la sed voyeurística  – ¿has visto las fotos de Manuela en la playa? ¿Has visto las fotos de la casa de Juan? – de toda persona social, nos permite sentirnos miembros de un grupo y sentirnos arropados por él.

No hablo de grupos lógicos ya de por sí inmensos, como el Club de Fans del Barça o los seguidores de Star Trek – que en facebook acumulan miles y miles de personas, tal y como en la vida real -, sino esos grupos cuyo nexo común son pequeñas acciones que realizamos inconscientemente, detalles que sabemos nuestros y de los que estamos extrañamente orgullosos pero los cuales no atrevemos – atrevíamos hasta la llegada de facebook – a comentar por miedo a ser considerados unos locos.

Hablo, como ha comentado hace algún post Susana, de grupos como “Yo también me hago el despistado para subir sólo en ascensor” – y sus modalidades en “No me gusta subir en el ascensor con vecinos con los que nunca hablo”, etc. -, “Para los que de repente recuerdan de algo y se parten de risa” o bien “Yo también he picado a un timbre y me he ido corriendo”. También hay otros que hablan de cómo y dónde nos comemos el currusco de pan, o de a quién sodomizaría.

El factor común de estos grupos es el hecho de que se basan en cosas que forman parte de nuestro día a día, elementos rutinarios de nuestros quehaceres diarios o incluso de nuestra infancia. En todo caso, son aspectos con los que nos sentimos muy relacionados y a los que en el fondo les atorgamos un nexo emotivo, ya que los consideramos como propios, pese a que en la mayoría de casos de tan obvios, no somos conscientes de que los realizamos.

Curiosamente, el párrafo anterior podría servir para explicar ese concepto que tanto se busca últimamente en el mundo de la publicidad, el insight. Es decir, hasta ahora nos pagaban para buscar y aplicar a la comunicación de una empresa estos insights. Ahora, Facebook nos los da con el esfuerzo de un click (tampoco estoy defendiendo que Facebook aporte todos y cada uno de los insights habidos y por haber, sino que es una herramienta que puede ayudar a encontrarlos).

De hecho, un buen ejemplo sería el siguiente: en Facebook encontramos un grupo acerca de ese juego al que todos hemos jugado de pequeños alguna vez, y llega Cruz Roja y nos presenta esta brutal y conmovedora campaña:

En el caso conreto de Cruz Roja, supongo que el efecto causa efecto entre Facebook y el insight no existió en el proceso creativo, aunque sí que nos da una idea de las oportunidades que se nos pueden presentar si analizamos con ojo crítico la red social más popular.

Ahora bien, ¿es esto bueno o malo? ¿Se han dado cuenta los anunciantes mientras espían las cuentas de sus hijos? ¿Nos seguirán pagando por ello? ¿Dejaremos de usar el concepto de insight en las presentaciones con ellos, y empezaremos a hablar muchas veces sobre interactividad?

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El mundo del falso tráiler

29 octubre 2009

Como apuntaba en la entrada anterior, y como apunta por ejemplo Miriam en su último post, Internet da cabida a una gran cantidad de formatos que a priori no funcionarían en medios más tradicionales, como la televisión o el cine.

Uno de los ejemplos más recientes es el fenómeno de los falsos tráilers. Se trata de hacer piezas audiovisuales cortas, generalmente de entre 90 y 120 segundos – como un trailer de toda la vida, vaya -, que avanzan una película que jamás será realizada y cuya trama ni siquiera existe.

Lo curioso del fenómeno no es la adaptación o la evolución de un formato ya existente a otro medio, sino el cambio de su misma razón de ser; es decir, que el tráiler de toda la vida sirve para promocionar una película, y esta nuevo tipo de tráiler tiene sentido en sí mismo – o lo intenta tener, pero eso ya es otra historia -.

De hecho, incluso existen concursos bastante importantes centrados en los falsos teasers, el cada vez más famoso Teaserland, en el que ha llegado a participar el director de REC y REC2, Jaume Balagueró.

Cabe destacar que el ganador de Teaserland se embolsa unos 30.000€ para financiar el corto del que teóricamente trata el teaser.

En otras ocasiones, estos teóricos tráilers no son más que bromas audiovisuales de dudosa calidad, que hacen uso de material ya existente, lo reciclan, y sacan más de lo mismo pero sin su esencia. Vaya, que empeoran lo que ya teníamos. Es el caso del tráiler de Chuki, la película sobre el Chuki de Cieza – en realidad mola mil y hace las delicias de los fans del Chuki, el mejor personaje de toda la historia de la España profunda, pero el original es mucho más visceral -.

Por último, hay verdaderas obras de arte, que innovan en concepto, historia y características básicas del concepto de tráiler. Además, son capaces de crear personajes casi tan carismáticos como el Chuki, que ya es decir. Os hablo de la última genialidad de Richard Gale, El asesino horriblemente lento con el arma extremadamente ineficaz. Disfrutad.